|
OJEDA
El escenario como plataforma para
bailar, cantar y motivarse

Promediaba el 2009 cuando Ojeda llegó a Miami buscando una
oportunidad, como muchos otros inmigrantes. Quedaban atrás
sus primeras incursiones en el baile en su natal Ciudad de
México y esas giras junto a Paulina Rubio formando parte de
su coreografía danzante.
Dos meses después, sentado frente a su computadora, abría su
Facebook y busca-que-busca se contactó con Eddie Blázquez,
vocalista de una banda de rock a quien le propuso que ‘lo
llevara en su maleta’ en su próxima gira. Además, le mandó
su ‘link’ en MySpace. Al día siguiente el cantante lo citaba
para que se encontraran en las oficinas de Revólver Records,
la disquera con que estaba asociado.
Por fin se reunieron. Hablaron una media hora. Y eso fue
suficiente. Ese mismo día Ojeda firmó su primer contrato
discográfico. Blázquez entonces quiso mostrarle su propia
música y al encender su ‘laptop’ leyó el correo de Univisión
en que le informaban sobre el concurso Viva el Sueño, donde
el principal requisito consistía en que los artistas
seleccionados —jóvenes talentos emergentes— ya tuvieran una
disquera que los apoyara.
Fue ¡la gran oportunidad en menos de una semana! Nunca se lo
hubiera imaginado. Parecía un sueño. Pero no. Era una gran
verdad y estaba perfectamente despierto. Ojeda fue uno de
los elegidos por la red televisiva y al entrar en la
competencia, aunque se tenía mucha confianza, tampoco intuyó
que se iba a quedar hasta el programa final.
Fueron tres meses y medio de intenso aprendizaje: “La
considero como LA experiencia de mi vida. Algo único. Estoy
muy contento de haber participado. Aprendí muchísimo, de mis
compañeros, de los jueces, del equipo de producción. Cuando
nos estábamos acercando a la final resultó más placentero,
por haber logrado mantenernos ahí. Viva el Sueño me permitió
hacer balada, pop y, dentro de lo regional mexicano, que es
mi género, canté ranchero, banda y duranguense. Allí me hice
más artista, un artista más completo”.
Así ha discurrido la vida de Ojeda. En cada capítulo, un
anecdotario. Gente buena que se le cruza en el camino.
Experiencias que se atesoran y entrelazan para tejer más de
un proyecto: “Ahora, después del concurso, viene la
verdadera lucha, la verdadera competencia. Lo otro sólo fue
una burbuja, pero una gran escuela para lo que sigue”.
Otra etapa. Otras metas. Y entre ellas una de las más
gratificantes: haberse afiliado con SESAC Latina para
acentuar su artesanal oficio de compositor y convertirse en
todo un profesional: “Estamos buscando hacer algo más nuevo
y transitar en otro nivel; me siento muy contento, ya que a
SESAC le agradó mi proyecto, y todo lo que viene, confió en
mí y por eso firmé mi afiliación, que es otro de los grandes
regalos que he recibido”.
Completando los seis meses más fructíferos de su carrera,
adicionalmente Ojeda ha lanzado con Revólver Records su
primer álbum completo que se titula “Tatuada En Mi Locura”,
en el cual se incluyen cuatro composiciones propias.
Depurada y definida, su propuesta regional mexicana adopta
un estilo norteño combinado en parte con el duranguense y un
cierto aire pop con una base rítmica muy interesante.
Nacido un 30 de enero en México Distrito Federal, Edgar
Ojeda Ramírez, se dedicó profesionalmente al baile desde que
tenía unos 11 años de edad. A los 19 tomó sus primeras
clases de canto, principalmente porque ya había comenzado a
trabajar como bailarín de Paulina Rubio y le fascinaba eso
de salir al escenario y bailar y cantar, un ritual que, a su
juicio, “hace una diferencia enorme”.
Más adelante, profundizó su preparación musical con clases
de canto y vocalización aún más avanzadas, hasta que dos
años después ya se sintió capaz de cantar por sí solo.
Primero incursionó en el pop. Fue el representante de
Maribel Guardia y Lorena Herrera quien le propuso que
hiciera un disco en regional mexicano. Y probó con cuatro
temas. De ahí en adelante se le abrieron muchas puertas.
Hasta lo contrataron para abrir conciertos de artistas
famosos, como Ana Bárbara e Intocable.
Respecto a la decisión de adoptar su apellido Ojeda como
nombre artístico, dice que “fue muy chistoso, porque le
busqué por todos lados. En la disquera me dijeron que
existía un torero Ojeda. Lo discutimos, probamos con Ojeda
y… ¡santo remedio! Como Ojeda hemos pegado por todos lados.
Tiene mucha fuerza. En la secundaria me decían Ojeda. Fue
como un ‘flashback’ a los años de la escuela. Me siento muy
cómodo con este nombre”.
Poetizando lo que le ha pasado a partir del momento en que
llegó a Miami, Ojeda menciona la historia del bambú: “Lo
siembran y pueden pasar dos años en que no dé nada, o tres
años; pero, de repente, un año florece y da todo lo que
puede dar. Eso es lo que me ha pasado mí. Ahora todo lo que
tengo a mi alcance son los muchos frutos que me rodean”.
|